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El desarrollo
de las personas con TEA es aparentemente normal hasta los 18 meses. A
partir de este momento se empiezan a ver diferencias que se aprecian principalmente
por los problemas de lenguaje, la falta de comunicación y el desinterés
por el juego con otros niños.
Los padres empiezan
a notar que algo ocurre y aquí comienza un largo y duro camino.
Los más afortunados averiguarán pronto que lo que su hijo
necesita es un buen tratamiento de personas especializadas en TEA.
La experiencia
demuestra que el mejor tratamiento para las personas con TEA es la educación
adecuada, dirigida por especialistas en el trastorno desde la primera
infancia. Por ello es fundamental su detección temprana,
es entonces cuando una intervención adecuada puede hacer más
que cualquier terapia posterior.
Las individuos
con TEA abarcan un amplio y diverso grupo de personas que tienen una gran
dependencia. Esta variedad hace imprescindible que el tratamiento sea
siempre individualizado, basado en las necesidades de la persona afectada,
de su familia, de sus posibilidades y de sus aspiraciones personales.
La elaboración
de un programa tan específico tiene que ser llevada a cabo por
una persona con un gran conocimiento del desarrollo evolutivo de una persona
normal como también debe poseer un gran dominio de las alteraciones
que se producen en las personas con TEA, es decir, profesionales especializados
en Trastornos Generalizados del Desarrollo.

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